Soy Tomás Lanza. Fundé Sidera Insights para compartir una visión de inversión anclada en value investing, evidencia estadística y modelos de IA. El trabajo no es seguir la noticia ni al rebaño: es buscar las oportunidades de gran valor que el mercado de la superficie ya dejó de lado, o todavía no miró.
El espejismo del corto plazo
Mi camino comenzó en las aulas de ingeniería del ITBA. Busqué la asimetría del interés compuesto leyendo a los clásicos: Benjamin Graham, Joel Greenblatt, Charlie Munger y Warren Buffett. Y, como muchos, fui seducido al principio por la ilusión del análisis técnico.
Pero los números no mienten. En intervalos cortos, el mercado es un juego de suma cero. Quienes dictan las reglas allí son los quants: fondos con infraestructuras de datos masivas y tiempos de respuesta en milisegundos. Competir contra sus máquinas en el corto plazo no es inversión. Es un sistema de apuestas.
Datos y valor, en la misma mesa
Ese desvío me devolvió a Graham. Cuando empecé a dar clases en la Maestría en Ciencia de Datos de la Universidad Austral, entendí dónde estaba la ventaja real. La pregunta no era quién gana en las próximas horas, sino qué negocio excelente está mal valorado por el mercado hoy.
A largo plazo ya no competís contra algoritmos de alta frecuencia. Jugás un juego de percepción fundamental. Los modelos ayudan a priorizar; la tesis se apoya en fundamentos, catalizadores y riesgos.
Buscar al verdadero campeón
En los deportes, la multitud cree que el mejor es quien cosechó la última victoria. Mientras el campeón se relaja en sus laureles, hay alguien en la sombra: talento, disciplina y hambre de cambiar el status quo.
En 1983 Disney despidió a John Lasseter por insistir con la animación por computadora. Ed Catmull lo llevó al grupo de gráficos de Lucasfilm, que después sería Pixar. Lasseter se volvió el diferencial creativo de Toy Story. En 2006, Disney pagó 7.400 millones de dólares para comprar Pixar: recuperar lo que había dejado ir.
Con las acciones, igual. El valor suele estar donde la atención ya se fue, o donde todavía no llegó.
Nuestro trabajo es encontrarlo antes que el resto.
Por qué Sidera
Sidera nace de ese instinto, y de una memoria concreta. De chico salíamos a navegar de noche. En tierra, las luces de la ciudad se comían el cielo. Afuera, lejos de esa orilla, mi padre me mostraba estrellas que en tierra firme ni se adivinaban. Verlas pedía una sola cosa: alejarse del ruido.
Ese cielo no era solo un paisaje. Durante siglos, los marineros lo leyeron para saber dónde estaban. Las estrellas no anunciaban el puerto. Te daban un rumbo cuando no había otra carta.
El informe del lunes hace las dos cosas. Primero, salir de la superficie para ver. Después, una dirección para cruzar la noche.
